Germán Bernal lleva más de 30 años sufriendo las tragedias de las víctimas de la pólvora.
Germán sí llora. Narra la historia de un niño quemado en el 70 por ciento de su cuerpo en un diciembre, por caer en una fogata. Aún con dolor, les dijo a sus padres que no se lo llevaran cuando su cuerpo aún estaba cubierto por decenas de vendajes.
“Después de insertarlo durante tres meses le dimos salida, pero el nene les explicó a las enfermeras que no se quería ir, que si lo dejábamos tender las camas y limpiar el piso. ¿Puede imaginar cuánto sufría en su casa y cuánto amor pudo recibir en el hospital mientras estuvo allí?”, dice.